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Fundamentación Teórica y Clínica del Test de Cribado de Perfil Neurodivergente Mixto 2.0

1. Marco conceptual del Test

El Test de Cribado de Perfil Neurodivergente Mixto 2.0 se ha diseñado como una herramienta de cribado orientativa para personas adultas (≥18 años) que puedan presentar perfiles neurodivergentes complejos, incluyendo rasgos compatibles con trastorno del espectro del autismo (TEA), trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), altas capacidades intelectuales (AACC) y dificultades específicas de aprendizaje (p. ej., dislexia/discalculia), en distintos grados de combinación.

El test no pretende sustituir los criterios diagnósticos oficiales ni las entrevistas clínicas estructuradas, sino ofrecer un mapa inicial de dimensiones funcionales relevantes que, a la luz de la investigación reciente, se solapan con los dominios clave descritos en el DSM-5/DSM-5-TR para TEA, TDAH y trastornos del neurodesarrollo.

El instrumento organiza sus 25 ítems puntuables en cuatro subescalas:

• Subescala TEAlike (ítems 1–8): centra su foco en dificultades de comunicación e interacción social, enmascaramiento, sensibilidad sensorial y rigidez conductual.
• Subescala TDAHlike (ítems 9–15): recoge síntomas de inatención, desorganización, impulsividad e inquietud motora, descritos en los criterios de TDAH en adultos.
• Subescala Cognición-AACC/SLD (ítems 16–22): explora patrones de alta capacidad, pensamiento profundo, detección de patrones y dificultades específicas de lectura, escritura o cálculo, consistentes con descripciones de perfiles de altas capacidades y trastornos específicos del aprendizaje (2E).
• Subescala de Impacto funcional y autorregulación (ítems 23–25): evalúa hiperfocalización, impacto en estudios/trabajo/relaciones y consecuencias emocionales (ansiedad, bloqueos) derivadas de estas diferencias, en línea con el requisito de malestar clínicamente significativo o deterioro de los trastornos del neurodesarrollo.

Además, se incluyen dos preguntas de contexto sobre edad de inicio y presencia en varios contextos, que permiten acercar la interpretación a los criterios temporales y contextuales del DSM-5.

2. Fundamentación teórica de la Subescala TEAlike

Los ítems 1–8 de la Subescala TEAlike se fundamentan en los criterios diagnósticos del DSM-5 para el Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), especialmente los dominios A (comunicación e interacción social) y B (patrones de comportamiento restrictivos y repetitivos), adaptados a la presentación en adultos.

La investigación en neurociencia y psicología clínica ha demostrado que el TEA en adultos presenta una fenomenología diferente a la observada en la infancia, especialmente en personas que han desarrollado estrategias de enmascaramiento (camouflaging). Estudios como los de Hull et al. (2017) y Lai et al. (2019) han documentado cómo las personas con TEA, especialmente mujeres y personas con altas capacidades, aprenden a imitar conductas sociales normotipicas para pasar desapercibidas, lo que dificulta la detección mediante herramientas clásicas.

La sensibilidad sensorial, evaluada en los ítems 4 y 5, se sustenta en investigaciones sobre el procesamiento sensorial atípico en el TEA (Marco et al., 2011; Green et al., 2016), reconocido en el DSM-5-TR como especificador diagnóstico. La rigidez conductual y la adherencia a rutinas (ítems 6 y 7) se apoyan en modelos de coherencia central y función ejecutiva (Fráysse & Genolini, 2006; Pellicano, 2010).

El ítem 8, relativo a las dificultades en la teoría de la mente (ToM) y la comprensión del contexto social implícito, se fundamenta en los trabajos de Baron-Cohen et al. (1985, 2001) y en la descripción más reciente de las diferencias en el procesamiento mentalista como eje central del perfil TEA, incluso en personas de alto funcionamiento intelectual.

3. Fundamentación teórica de la Subescala TDAHlike

Los ítems 9–15 de la Subescala TDAHlike se basan en los criterios diagnósticos del TDAH en adultos del DSM-5 (especificadores de presentación: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva-impulsiva y combinada), con especial atención a la presentación adulta de estos síntomas, que difiere significativamente de la fenomenología infantil.

La inatención en adultos (ítems 9–12) se manifiesta típicamente como dificultades en la organización, el seguimiento de instrucciones complejas, la gestión del tiempo y la memoria de trabajo, tal como documentan los trabajos de Barkley (2015) y Faraone et al. (2021). La hiperactividad-impulsividad en adultos (ítems 13–15) adquiere frecuentemente una forma más interna (inquietud mental, impulsividad verbal, dificultad para inhibir respuestas) que motora, lo que puede dificultar su detección en evaluaciones estándar.

 

Es relevante destacar que el TDAH presenta alta comorbilidad con el TEA (hasta un 50-70% según estudios recientes; Leitner, 2014; van der Meer et al., 2012), lo que justifica la inclusión de ambas subescalas en un mismo instrumento de cribado de perfil mixto. La coexistencia de síntomas TDAHlike y TEAlike es especialmente frecuente en poblaciones clínicas adultas, lo que refuerza la necesidad de una evaluación integrada como la que propone este test.

 
4. Fundamentación teórica de la Subescala Cognición-AACC/SLD

 

Los ítems 16–22 de la Subescala Cognición-AACC/SLD abordan dos dimensiones complementarias del perfil cognitivo: las altas capacidades intelectuales (AACC) y los trastornos específicos del aprendizaje (SLD, del inglés Specific Learning Disorders), con especial atención a su presentación dual o doblemente excepcional (2E).

 

La inclusión de ítems sobre altas capacidades (ítems 16–19) se fundamenta en la investigación sobre el perfil cognitivo de las AACC (Webb et al., 2016; Manzanero & Zamora, 2018), que describe patrones como el pensamiento profundo y complejo, la elevada capacidad de detección de patrones y conexiones, la intensa curiosidad intelectual y la sensibilidad emocional aumentada. La investigación actual reconoce la frecuente superposición entre los perfiles AACC y los perfiles TEA/TDAH (el llamado perfil doblemente excepcional o 2E), lo que hace indispensable su inclusión en un cribado de perfil neurodivergente mixto.

 

Los ítems sobre trastornos específicos del aprendizaje (ítems 20–22) se basan en los criterios del DSM-5 para dislexia, disgrafia y discalculia, y en investigaciones neurocognitivas que describen las características distintivas de estos perfiles en adultos: dificultades persistentes en la fluidez lectora, la ortografía y la aritmética a pesar de una inteligencia adecuada o superior (Peterson & Pennington, 2015; Butterworth et al., 2011). La detección de estos patrones es especialmente relevante en adultos con AACC, donde las dificultades específicas pueden haber sido enmascaradas por compensación cognitiva.

 
5. Fundamentación teórica de la Subescala de Impacto funcional y autorregulación

 

Los ítems 23–25 de la Subescala de Impacto funcional y autorregulación evalúan el grado en que las características neurodivergentes del evaluado afectan a su funcionamiento cotidiano en los ámbitos académico, laboral, social y emocional. Esta dimensión responde directamente al requisito del DSM-5 de que los síntomas de los trastornos del neurodesarrollo causen un deterioro clínicamente significativo o malestar en el funcionamiento.

 

El ítem 23 aborda la hiperfocalización, estado de concentración intensa y prolongada típicamente asociado a los perfiles TEA y TDAH, que puede resultar tanto funcional como disfuncional según el contexto. Los ítems 24 y 25 evalúan respectivamente el impacto en las áreas vitales principales (rendimiento académico o laboral, relaciones interpersonales, vida cotidiana) y las consecuencias emocionales derivadas (ansiedad, bloqueos, agotamiento), que son especialmente prevalentes en poblaciones neurodivergentes adultas no diagnosticadas o diagnosticadas tardíamente (Schöttle et al., 2017; Young et al., 2020).

 
6. Interpretación de resultados y criterios de derivación clínica

 

El Test de Cribado de Perfil Neurodivergente Mixto 2.0 genera una puntuación total (0–50) y puntuaciones parciales por subescala. Estas puntuaciones tienen valor orientativo y deben ser interpretadas por un profesional cualificado en el contexto clínico, educativo o psicológico del evaluado. El instrumento no es diagnóstico por sí mismo, sino que actúa como una primera señal de alerta que justifica una evaluación especializada.

 

Con carácter orientativo, se establecen los siguientes umbrales de interpretación para la puntuación total:

• Puntuación 0–10: Perfil dentro de la variabilidad típica. Sin indicadores relevantes de neurodivergencia.
• Puntuación 11–20: Perfil de baja intensidad. Presencia de algunos rasgos que pueden ser explorados en contexto de evaluación psicológica ordinaria.
• Puntuación 21–35: Perfil de intensidad moderada. Se recomienda evaluación especializada por neuropsicólogo, psicólogo clínico o psiquiatra.
• Puntuación 36–50: Perfil de alta intensidad. Indicadores compatibles con uno o varios perfiles neurodivergentes. Se recomienda derivación urgente a evaluación diagnóstica especializada.

 

Adicionalmente, se recomienda prestar especial atención a los perfiles subescalares: una puntuación elevada en una subescala específica (igual o superior al 70% de la puntuación máxima de esa subescala) puede ser clínicamente significativa independientemente de la puntuación total, y justifica igualmente la derivación a evaluación especializada.

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